Política

El periodista debe ser indispensable y un líder político para la sociedad

El experto en ética periodística dirigió el Consultorio Ético de la Fundación Gabriel García Márquez durante 19 años. Falleció el domingo 6 de octubre a los 87 años

Por  Gloria Ortega Pérez

El periodista debe ser indispensable y un líder político para la sociedad(Ilustración El Debate)

El periodista debe ser indispensable y un líder político para la sociedad | Ilustración El Debate

Javier Darío Restrepo es un maestro y referente en los asuntos prácticos de la ética periodística en Latinoamérica. A sus 87 años, 60 de los cuales ejerciendo el periodismo, no huyó de la vorágine tecnológica del mundo contemporáneo, sino que se apropió de herramientas que estudia y adopta, siendo hoy un usuario cotidiano de Twitter. 

Leerlo o conversar con él es fácil. Sapiencia y paciencia juntas. Escucha, mira, atiende con genuino interés a su interlocutor para responder con su mirada y sus gestos antes que con su voz, llamando con precisión las cosas por su nombre. Sostiene sin titubeos y diáfano que se necesitan más periodistas indispensables y bastante menos prescindibles. 

El periodista —subraya— debe asumir de manera consciente su rol político como líder de la sociedad y ejercer esta misión con pasión. Cita a Gabriel García Márquez para afirmar que «ser periodista es tener el privilegio de cambiar algo todos los días». 

Javier Darío siempre plantea más preguntas que respuestas, como lo hace de manera habitual en sus columnas dominicales de opinión en El Heraldo. Más que vigor, lo suyo es un ímpetu retador con su intelecto.

Ya no traza historias, sino que piensa el oficio del periodismo en el horizonte de los medios y en cómo salir del atolladero de la mediocridad informativa.

Nunca he tenido el privilegio de estar en un taller o una clase suya, pero he sido una discípula solícita que a través de una conversación permanente busca en sus lúcidas y pertinentes reflexiones una guía para tramitar el triste declive de un periodismo que está lejos del otro y de la sociedad. 

En esta entrevista, aunque extensa, también es insuficiente, busco indagar y conocer sus reflexiones sobre algunos de los muchos asuntos que entretejen el oficio del periodista. 

GO: La gente hoy confía más en los veloces contenidos de las redes sociales y cada vez menos en los periodistas y los medios de información. ¿Qué piensa de esto? 

JDR: Para un periodista, la confianza es irreemplazable. Necesita de la confianza lo mismo que el organismo vivo necesita del aire. Informamos para que nos crean; pero, sin confianza, el periodismo es inútil, desechable. El periodista necesita que le crean, y la sociedad necesita creer en quien le informa. Cuando desaparece la confianza, el periodista es manipulable.

Nunca tendrá una información verosímil y, sobre todo, está perdido, porque la desconfianza es una especie de ceguera colectiva.

En su Ensayo sobre la ceguera, Saramago describe una sociedad enceguecida en la que solo una mujer ve. Todos se apoyan y le entregan su confianza a esta única persona. Esto constituye un símbolo para nuestra sociedad, que tiene muchos motivos para no mirar lo que está sucediendo, pero, por lo mismo, necesita más que nunca de la confianza.

Los periodistas tenemos la obligación de fortalecer la confianza de la sociedad, pero eso no es un asunto fácil ni de técnicas, sino de actitudes: actitud de apego a la verdad y, particularmente, de servicio a los otros a través de la información.

Utilizar la información como poder es poner uno de los fundamentos de la desconfianza. La web tiene un enorme poder, pero un poder que será lo que uno haga de él. Si se le confiere a la web ese poder, se volcará hacia la desconfianza. Pero si, por el contrario, se entiende que la confianza se construye todos los días, en ese momento se entenderá que el periodismo es, ante todo, una construcción diaria de confianza a través de una información creíble porque es exacta.

Detrás de la confianza lo que existe es rigor informativo. Cuando este existe, se reconoce; cuando no, la información es superflua. 

Un diagnóstico poco optimista. ¿Murió el periodismo como lo reconocíamos usted y yo?

Está en crisis, y toda crisis es una oportunidad, porque nos muestra las debilidades que tenemos y nos obliga a buscar caminos, a reinventarnos, a superarlas; pero no nos damos cuenta porque los periodistas somos poco autocríticos.

En Colombia y en el mundo, el periodismo está ante una gran oportunidad para reinventarse, pero parte de esa reinvención debe comenzar con la convicción de que el periodismo no es un ejercicio profesional para poder, sino para servir. 

¿Le está hablando a la sociedad el periodismo en Colombia?

No. Se está hablando más a sí mismo. El yoísmo lo está destruyendo. El periodismo, por esencia, es servir al otro, estar abierto al otro, y esto ignora por completo al periodista. Si no es así, este profesional debe replantearse para qué hace periodismo. ¿Hago periodismo para que mi medio suba los ratings, la circulación, porque es lo que me indican los que me pagan la comida, porque tengo que destacarme, pero primero actúo para que me conozcan y luego que aprecien de mi trabajo? Ese es un periodismo alrededor del yo.

El periodismo y el periodista se salvan en el momento que se entienda, con todas sus letras, que el periodismo es un servicio en función de los demás; que el periodista está al servicio del otro y trabaja para que el otro sea conocido, atendido, defendido. La única satisfacción posible para un periodista es haberle prestado un servicio a los demás. Su éxito consiste en que la información sirva de impulso, de cambio para los otros en la sociedad.

Desde la expresión de Gabriel García Márquez «ser periodista es tener el privilegio de cambiar algo todos los días». El gacetillerito que registra el escándalo del día, ¿qué cambia?, ¿qué importancia tiene eso? Los curiosos leen aquello y a la basura, porque eso ni merece recordarse. ¿Me hice periodista para escribir cosas que no merezca recordarse? ¿Tengo una definición tan pobre del periodismo que se agota con el reportero que entrega su noticia y se olvida del resto?

El periodismo es ante todo liderazgo social. Cumple un rol político porque implica un trabajo con la sociedad. Pero cuando a la gente escucha rol político, de inmediato se escandaliza.

¿Cómo así? ¿Ahora serán del partido de los comunistas? ¡Tienen la vulgaridad de identificar político con partidito! El periodista no es para un partido, tampoco tiene por qué estar en uno, pero sí tendría que estar ejerciendo una influencia política en la vida de la sociedad.

Si le preguntan a los redactores de cualquiera de nuestros medios: ¿usted hace un ejercicio político de su profesión? ¡Se asustan! Entienden mal esto, piensan que lo están acusando de estar al servicio de la u, la hache, la jota o cualquier denominación. 

¿No cree que la sabida sentencia de que «la prensa es el cuarto poder» le ha hecho daño a la reportería y al periodismo en general?

Es la historia de la humanidad. Todas las instituciones se han sentido seducidas por los brillos del poder, comenzando por la Iglesia católica, y al periodismo le pasa lo mismo.

Cuando el periodismo se convence de que es un poder, se debilita, porque es comprable, negociable. Un periodista que se respete y respete su profesión nunca negocia ni se negocia. La clave, la gran fortaleza de su credibilidad, es su independencia frente al poder. 

Así como las instituciones han tenido que tomar conciencia del peligro que tiene el poder, los periodistas estamos en mora de enterrar y darle sepultura a ese mito del cuarto poder. No nos imaginamos todo el daño que nos ha hecho. Por tanto, todo cuanto se haga para hacer del periodismo un servicio, nunca un poder, es una forma de reinventarlo. 

Politólogos, antropólogos, sociólogos, etcétera, están ocupando en las salas de Redacción los puestos de trabajo que estaban destinados para los profesionales del periodismo, advierte Mábel Lara. ¿El periodismo debería ser una especialización o una maestría?

Eso lo que hace es poner en evidencia, una vez más, la necesidad de identificar para qué es el periodismo. Como están las cosas en la actualidad, más valdría que fuera una especialización. Hoy no existe una definición clara sobre el periodismo.

La tecnología ha contribuido con la idea difusa de gente que se cree periodista porque, con cualquier medio o aplicativo, puede captar noticias, difundir datos y poner su pensamiento en blogs.

Somos nosotros quienes tenemos que convencer al mundo de la necesidad del periodismo y de formar periodistas que se vuelvan indispensables para la vida de la sociedad, si no, se seguirá creyendo que periodista es cualquier persona que maneja un aparato digital. 

Usted ha señalado que el periodismo y los periodistas tendrían hoy que ser otra cosa, pero no por mandato de una moda, como podría pensarse, de lo que llaman «cambiantes ecologías mediáticas», sino por la exigencia de una cultura nueva y de las audiencias que han cambiado. ¿En qué consiste esa novedad?

Esa novedad consiste, de manera fundamental, en responder a la necesidad social que satisface el periodista con su información. Hay que mirar el impacto social que tiene la noticia. Cuando se mira esto, se comprende que la noticia es otra cosa y que el periodista tiene que ser otra cosa. No es simplemente que cuente el cuento.

Preocupa la fijación que en cierto tiempo se promovió por que los periodistas aprendieran a contar historias, se convirtieran en cronistas. Eso es convertir un instrumento en el objetivo central.

Está muy bien manejar todas las técnicas de la crónica, pero ¿para qué?, ¿para satisfacción personal o para cambiar algo en la sociedad todos los días? El periodista no está solamente para contar historias, sino para movilizar a la sociedad.

¿Dónde está la cátedra en las facultades que enseñe o que analice noticias que movilizaron la sociedad?, ¿por qué la movilizaron?, ¿qué instrumentos utilizaron para movilizar la sociedad?, ¿qué clase de noticia se parece a esa?

Ahí es donde el periodista entendería cuál es su tarea de movilizar la sociedad. Esto supone en el periodista unas actitudes de identidad con la sociedad, de hacer inmersión en sus dolores para estar motivado en la necesidad de que la sociedad cambie.

El actual momento de la vida del país es particularmente propicio para que se haga esa clase de análisis. Como tema de estudio académico, identificar cuáles son las noticias que se están publicando. ¿Van a cambiar la vida de la sociedad o estas noticias van aumentar los dolores de la sociedad? 

¿Cuál es el deber interno del periodista en el ámbito de la ética?

La ética es la vocación que tiene todo ser humano de ser excelente, así de simple. Si se quiere ser excelente, siempre se debe someter a juicio lo que se hace.

El periodista nunca está satisfecho con lo que es ni con lo que hace, por eso siempre se está reinventando. La ética, por tanto, es la pasión de crearse a sí mismo todos los días. No se trata del simple hecho de acatar unos articulitos de un código de ética, eso solo es una ayuda. La ética, en cambio, es una condición de las personas que quieren ser excelentes.

La gente tiene una equivocación continua cuando, al conocer las trampas de los congresistas, robos de los contratistas y demás, dicen: «Es que lo que hace falta aquí es ética». ¡Se equivocan! Ahí lo que hace falta es un juez y un policía. 

La ética es para otra clase de gente. No para ladrones, asesinos ni para los que engañan, sino para la gente que quiere ser excelente; es decir, para lo mejor de la humanidad.

Fundación Gabo

En honor al escritor y periodista  Gabriel García Márquez, esta fundación tiene un Consultori Ético que era dirigido por Restrepo.  www.fundaciongabo.org

La Fundación tiene 1700 casos de ética periodística respondidos por Restrepo. Forman parte del libro El zumbido y el moscardón, publicados en 2004 y 2017.

Con el apoyo de la Unesco en 1995, la Fundación ofreció el primer taller de Restrepo sobre ética. Allí, García Márquez pronunció la frase «en periodismo, la ética es a la técnica como el zumbido al moscardón».

El perfil

Nombre: Javier Darío Restrepo

Nacionalidad: colombiano

Trayectoria: periodista durante 53 años. Murió a los 87 años de edad el domingo 6 de octubre. 

Autor de 28 libros sobre periodismo, ética periodística, dos novelas y ensayos. Fue reportero de televisión durante 27 años. Columnista en los diarios El Tiempo, El Espectador, El Colombiano y El Heraldo. Defensor del lector en el diario El Tiempo y en El Colombiano. Fue maestro de la Fundación Nuevo Periodismo en los últimos 21 años. 
Premio Simón Bolívar a la vida y obra. Premio a La Excelencia Periodística, Gabriel García Márquez, de la FNPI. Doctor honoris causa de la Universidad San Andrés, de La Paz, Bolivia.
Twitter: @JaDaRestrepo

Gloria Ortega Pérez 

Periodista colombiana freelance. Ha trabajado en diversos medios de comunicación, en radio, como corresponsal y en TV. Asimismo, ha laborado en entidades del Estado colombiano de índole nacional, local, en empresas privadas, organismos internacionales y organizaciones civiles. Es autora del blog Sentipensantes.

La periodista Gloria Ortega tuvo la oportunidad de entrevistar a un referente de la ética en esta profesión. Reproducimos con la autorización de la autora parte de la conversación que mantuvo con el reconocido personaje en marzo pasado, la cual continúa tan vigente como las enseñanzas de Restrepo.

Parte de la entrevista publicada originalmente en el blog Sentipensantes Periodismo y Análisis. Para leerla completa puede encontrarla en: https://somossentipensantes.blogspot.com/2019/04/el-periodista-debe-ser-indispensable-y.html