Política

Desigualdad: el trabajo del hogar en México

La antropóloga Séverine Durin afirma que diversos factores facilitan y perpetúan que el rubro laboral hogareño esté en condiciones desiguales en México

Por  María Sánchez

Desigualdad: el trabajo del hogar en México(Foto: El Debate)

Desigualdad: el trabajo del hogar en México | Foto: El Debate

Analizar el marco social y cultural de las trabajadoras del hogar en nuestro país requiere mirar profundamente dentro de las circunstancias socioculturales que definen la manera y la forma en que se desarrollan estas dinámicas laborales. 

EL DEBATE entrevistó vía telefónica a la antropóloga Séverine Durin, quien ahondó en las condiciones que perpetúan el trabajo del hogar en situaciones desiguales y precarias, así como en sus características. A su vez, expertos en el tema hablaron de las perspectivas sobre el trabajo del hogar en México y las mejoras de condiciones que merece este sector. 

Conociendo el nicho laboral

Según las observaciones de la investigadora Séverine Durin, quien durante años se ha dedicado ha realizar estudios antropológicos sobre las trabajadoras del hogar de planta, la discriminación hacia este rubro es parte de toda la estructura social.

En este sentido, el trabajo del hogar se encuentra en condiciones de etnización y estratificación: «Lo que a mí me llamaba muchísimo la atención, si ve los censos de población, por ejemplo, el 80 por ciento de las mujeres indígenas estaban registradas en el Inegi como trabajadoras domésticas. ¿Esto qué te significa? Como que no hay una verdadera opción laboral más allá que esta, y que había entonces un nicho laboral etnizado» comentó, para introducir a la idea de que, si bien en este caso habla del nicho laboral en la zona de Monterrey, donde ella radica actualmente, no es diferente al resto del país y del mundo, donde las trabajadoras del hogar pertenecen a un nicho no solo etnizado, sino estratificado, nutrido de personas pertenecientes a minorías sociales vulnerables, muchas veces migrantes. 

Para Séverine, el que usualmente se les llame muchachas no está lejos de la realidad, pues si bien hay una porción de la población que son jefas de hogar o madres solteras, las mujeres que se emplean en el hogar suelen ser jóvenes, provenientes de comunidades rurales originarias; en el caso de Monterrey, provienen de la Huasteca, por ejemplo, y tomando en cuenta todas las generaciones que actualmente conforman el sector se le confiere un carácter muy diverso.

Desde la visión de la francomexicana, el trabajo del hogar ofrece una oportunidad de movilidad: «Entonces es también una vía como de acceso, digamos, a la ciudad, y también teniendo en mente que luego quisieran poder a lo mejor alcanzar algún otro trabajo, ¿no? Algunas llegan también queriendo trabajar en fábricas, en tiendas, etcétera. Entonces, esto, hablando del perfil, de las trabajadoras», dijo, refiriéndose a que usualmente quienes laboran en trabajos del hogar buscan mejorar sus condiciones de vida.

Perfiles opuestos 

Pese a los deseos de movilidad de las empleadas de planta o de quedada —como la investigadora del centro de investigaciones y estudios superiores en antropología social del noreste de México le llama—, las características del empleo permiten perpetuar las condiciones desiguales, según Durin, esto se debe en una parte a las características de los empleadores, que aunque también son un sector heterogéneo, son generalmente privilegiados y necesitan de sus trabajadoras precariedad y disposición: «Son jornadas sumamente extensas, y ese es uno de los mayores problemas en cuanto a violaciones de derechos laborales, porque puedes tener incluso jornadas de 24 horas; son chicas que también están cuidando niños, bebés, finalmente terminan hasta levantándose de noche, entonces realmente tienes una jornada extensa, indefinida, sin pago de horas extras. Finalmente, lo que se busca es la disponibilidad. La precariedad tiene que ver con que no haya un contrato laboral escrito que se firma, entonces las cosas están establecidas como “de palabra”. El pago de vacaciones está a discusión, el pago del aguinaldo también, aunque sea obligatorio por ley. Yo pude comprobar que no siempre ocurre, y bueno, es la parte, digamos, como la más precaria». 

Para Séverine existen desigualdades profundas que hacen que el trabajo sea tan precario, entre ellas las desigualdades sociales y de género. Es como si este trabajo, finalmente, fuera menos que el trabajo que realizan los hombres, «porque lo haríamos por amor».

Ahondó en que los trabajos de limpieza y cuidado se aprenden porque son parte de la socialización, que se enseña a hacer desde chicas. 

Para el especialista en género Luis Guerrero es un hecho que las condiciones de precariedad de las trabajadoras del hogar cambien a tenerse mejores condiciones para ellas, y estas condiciones vienen de tener una mejor legislación y un reglamento homologado adecuado para ellas: «Siento que se tendría que legislar mucho mejor, hacer buen programa para ellas y que se les reconozca su trabajo», destacó. 

Búsqueda de mejores condiciones 

Elizabeth Ávila Carrancio, defensora de los derechos de la mujer, mencionó que el reconocimiento del trabajo del hogar viene de la mano con el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras, lo cual no ha sido fácil de conseguir, pues ha sido parte de una lucha larga y constante por acceder a ellos, y que todavía continúa: «Se supone que los derechos son inalienables a la persona humana, en este caso son derechos sociales, porque son derechos laborales. La “servidumbre” —como solían llamarse las trabajadoras del hogar— viene de un contexto histórico, más ligado a la esclavitud que a las libertades», mencionó; además, hay una mala apreciación al trabajo del hogar, y que parte de la resistencia a ese reconocimiento que merece, se relaciona a la vinculación histórica de ser ligado a la condición de ser un trabajo femenino por tradición, y que a su vez esto se ve reflejado en las denominaciones peyorativas que se realizan hacia quienes laboran en casa: «la sirvienta, la chacha». 

Cambiar el lenguaje para reivindicar

Profundizando en lo anterior, cualquier forma de discriminación se centra en el lenguaje, de manera que no es diferente para la discriminación que se ejerce hacia las trabajadoras del hogar. 

Según Héctor Islas Asáis, en el cuadernillo de la Conapred «Lenguaje y discriminación», el lenguaje juega un papel preponderante en la formación de estereotipos y en la afirmación de la imagen que se tiene hacia un grupo social que ha padecido discriminación, en esto coincide Karla Jazmín Galindo Vázquez, especialista en género: «A través del lenguaje trasmitimos y reforzamos las relaciones asimétricas, jerárquicas e inequitativas en la sociedad», por lo que piensa que modificarlo también modifica nuestra forma de relacionarnos con los otros. 

Volviendo al documento de Héctor Islas, no es tan importante la clasificación que por costumbre se haga a los grupos vulnerables mediante el uso del lenguaje, sino el tomar en cuenta cómo estos grupos desean ser nombrados. 

En palabras de Séverine Durin, en el caso de quienes suelen hacer labores en el ámbito hogareño, era común referirse a ellas —porque son en su mayoría mujeres— como muchachas, chachas, sirvientas, criadas, empleadas domésticas, y ahora empleadas del hogar: «Hay como un reclamo y una petición de que se les llame trabajadoras del hogar por toda la carga despectiva que va justo con la idea de domesticar». Utilizar este nuevo termino —según la investigadora— es una reivindicación justa que ha sido ganada con su lucha. 

Un trabajo esencial

Para la abogada Elizabeth Ávila, el primer avance de importancia en el reconocimiento del trabajo del hogar es haber hecho visible el impacto en términos cuantitativos de lo que representa el trabajo hecho en casa, por ejemplo el impacto que tiene en el producto interno bruto, que en el caso de México es igual al 20.5 por ciento, y que la OIT a partir de eso realiza una exigencia real de derechos, que se reivindiquen derechos, que se establezcan derechos para las personas. Según ella, esto si bien se aplica a las trabajadoras remuneradas del hogar, también abarca a las mujeres que siempre se dedicaron al hogar y no a desarrollarse profesionalmente en otros ámbitos. 

La doctora Séverine Durin también expone que no se trata al trabajo del hogar como si fuera un trabajo, cuando es un trabajo fundamental, finalmente, para el bienestar de las familias y de la sociedad: «No hay persona que esté bien si no ha comido, si no va bien vestido o si no ha sido bien atendido; no se puede presentar a trabajar si la ropa no está ni limpia o planchada».

Para la feminista Karla Galindo, la valoración del invaluable trabajo del hogar debe traducirse en salarios dignos y mejores condiciones laborales, algo similar a lo que decía anteriormente Luis Guerrero: «Es necesario que los grupos y las organizaciones de derechos humanos se involucren más y que se legisle a favor de las trabajadoras del hogar».

Legislación

Reformas a la ley que favorecen al trabajo doméstico y evitarán explotación de doce horas

Las disposiciones legales en la Ley Federal del Trabajo eran discriminatorias para el sector de trabajadores del hogar, señaló Julio Sergio Alvarado, presidente del Colegio de Abogados de Sinaloa, a EL DEBATE. Que si bien se quitó la denominación de trabajadoras del hogar, para nombrarlas como trabajadoras domésticas, en esta reforma que entró en vigor el primero de mayo del presente año se subsanan algunas situaciones.

Por ejemplo, se modificó el artículo 333 de la Ley Federal del Trabajo, el cual les dictaba los tiempos de descanso, pero no era muy específico, lo que propiciaba que los empleados del hogar trabajaran en exceso, hasta doce horas diarias, y la modificación evita dicha explotación.

De igual forma, se modificó el artículo 33 para obligar a todos los patrones a dar seguridad social a sus empleados en el ámbito del hogar, pero no se regularon o no se normaron las condiciones laborales para este rubro, y eso aún es materia pendiente, por ello se estableció un plan piloto para la afiliación al IMSS, que establece que la afiliación es voluntaria mientras se definen las condiciones laborales de las trabajadoras hogareñas y transcurre ese plan piloto; es decir, la ley no será obligatoria sino hasta que concluya el plan piloto.

Sergio Alvarado mencionó que estas prerrogativas habían sido adoptadas por México en instrumentos internacionales que protegen los derechos laborales de las mujeres y que abarcan la declaración universal de los derechos humanos, la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y los convenios sobre la igualdad de remuneración y sobre la discriminación en el empleo; «es decir, en el pasado existían estos instrumentos internacionales, que ya protegían desde esa perspectiva a la mujer. Si bien establecen específicamente el apartado como trabajadoras domésticas, estos instrumentos internacionales protegen a la mujer, de suerte tal que se podía haber hecho uso de estos instrumentos antes de entrar en vigencia la reforma, pero ahora están también estos instrumentos más vigentes que nunca, ¿no?, lo que protege y tutela esos derechos de las trabajadoras domésticas», afirmó.

Nombre: Séverine Durin

Profesión: Antropóloga

Trayectoria: Escritora e investigadora. Es maestra en economía (Université d’Orléans, 1994) y doctora en antropología (Université de Paris 3- Sorbonne Nouvelle, 2003). Desde 2003 es profesora-investigadora en el Ciesas Noreste.