Opinión

Silencio y palabra

COMPÁS Y ESCUADRA

Por  Roberto Valdez Prado

“Señor, que mi silencio dé ocasión a tu palabra”, dijo un gran místico cristiano. Una de las virtudes más admiradas a lo largo de los tiempos es sin duda el silencio. Durante miles de años, los sabios han buscado el cobijo de las montañas y los bosques, que les permitían una atmósfera de tranquilidad, para sumergirse en el silencio y reflexionar en las verdades más profundas.Las antiguas Escuelas de los Misterios de Grecia recibían en su seno a discípulos provenientes de todos los rincones del mundo, y sin importar cual fuera su grado de aprendizaje o su clase social, todos debían pasar por la prueba del silencio. Durante meses o años, el discípulo debía sentarse en los forums a escuchar y jamás a preguntar.

En Oriente, cuando un neófito deseaba entrar a formar parte de la comunidad monástica debía, durante meses, permanecer inmóvil y en silencio en el umbral del templo. La menor queja, la más pequeña pregunta, era sinónimo de expulsión.

Es que el silencio acalla la mente consciente para dejar paso a la voz del Ser Interno y solo así se aprecian las grandes verdades. Más, cuán difícil es mantenerse en silencio en esta sociedad que continuamente nos impulsa a la acción, a la elección, al juicio.

Pero callarse, guardar silencio, es una de las claves maestras en el camino de la evolución. No pronunciar jamás palabras injuriosas, habladurías, sino ser siempre un devoto del silencio, diciendo solo lo que es necesario, hablando solo de las cosas nobles de la vida, diciendo lo positivo de las personas, y pensando antes de hablar.

Silencio, ha de ser la divisa del buen hombre o mujer. Ante todo acontecimiento, ante la duda, el juicio y el dolor: ¡Silencio...! Fracasos.