Opinión

Política perversa

Por  Jorge Luis Lozano

En Mazatlán hay dos obras principales terminadas y vitales para el servicio de los mazatlecos que, sin que exista una razón aparentemente justificable, están en espera de su inauguración.

Son el nuevo hospital general, cuya inversión es de mil millones de pesos en obra y equipamiento. El nosocomio está proyectado para aumentar de manera determinante el servicio médico y de emergencia que reciben actualmente los sinaloenses del sur de Sinaloa.

El segundo proyecto es el rastro Tipo Inspección Federal (TIF) que ha requerido la inversión de 79 millones de pesos. El nuevo recinto ha sido largamente gestionado luego de que el actual, que sigue en operaciones en la colonia Urías, opera con deficiencia tales, que los mismos vecinos han llegado a padecer escurrimientos de agua pestilente y sanguinolenta que invade los patios de sus casas.

Los dos proyectos están culminados, y ante las deficiencias que en materia de salud y sanidad se viven en Mazatlán, la pregunta ineludible es: ¿por qué no se ponen ya en operación?

La respuesta no la saben dar los funcionarios municipales, estatales ni federales. Sin embargo, existe la versión de que las autoridades de ambos rubros (el de salud y el sanitario) están en espera de que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, cuente con un espacio en su saturada agenda para que venga a inaugurarla y con ello ambos proyectos queden sellados por la Administración morenista como inversiones logradas y ejercidas por el Gobierno de la “Cuarta Transformación”.

Es pues, una añeja costumbre política a través de la cual intentan mejorar su imagen y justificar sus Administraciones municipales. Sin embargo, el aplazo de la operación de ambos edificios están negando a los sinaloenses de mejores accesos y ponen en riesgo la salud de los ciudadanos.